Esto va por aquellos que no creyeron. Por los envidiosos que, tras ver cómo se encerraron cagados de miedo suizos, hondureños, chilenos, portugueses, paraguayos, alemanes y holandeses, todavía dicen que España tuvo suerte (perdonen, lo que es un milagro es que ningún jugador español muriera de una patada voladora ayer). Por los rabiosos que no aceptan que, por una vez en la vida, no somos unos perdedores.
Pero también va por los soñadores. Por esos que, tras el tropiezo inicial en Durban, teníamos fe en que esto podía ser posible (esta vez sí). Por los miles de futbolistas que han vestido La Roja desde que se comenzó a practicar este bendito juego en esta tierra de sevillanas, todos y Andreses Iniestas. Por todos aquellos seguidores de esta pasión que murieron sin ver cómo se levantaba esa Copa dorada y, sin embargo, oscuro objeto de deseo.
Vicente, eres un valiente. Y no lo digo a toro pasado, que es lo fácil. Lo he dicho siempre. Desde que eras el míster merengue. Y lo seguiré diciendo hasta el día que me muera. Eres un visionario. Un crack de la pizarra. De la táctica. De atisbar qué pieza hay que mover y cuál de los fenómenos del banquillo encaja con la situación puntual del partido.
De Iker no queda prácticamente nada por decir. Un fenómeno bajo palos que le sacó un mano a mano a Roben cuando todos teníamos ya los huevos taponándonos hasta las fosas nasales. Porque Iker no hace paradas, sino milagros como se dijo ya ayer en la retransmisión del partido en Telecinco. Porque ese beso no era para taparle la boca a Sara, sino para echarle la cremallera a la de cientos de envidiosos y a esa prensa que, no sabiendo qué hacer , mata moscas con el rabo... a base de sensacionalismo barato.Porque es el capitán y punto.
Si tuviese que ir uno a uno y, con el grado de euforia en el que me encuentro, me daría para escribir una enciclopedia de varios tomos. Pero quería hacerle un guiño a ese hombre que tan mal lo ha pasado por los dimes y diretes que nunca deberían haber sido noticia (o al menos no de los diarios deportivos que flaco favor a los que realmente disfrutamos con el fútbol y no con los chismorreos de alcoba).
Por fin España se desprendió de las ataduras y de los complejos de hermana menor. Ya tenemos los mismos Mundiales que los bastardos ingleses. Espero que la FIFA abra expediente a ese hijo de la Gran Bretaña con silbato que ayer permitió que el fútbol quedase en segundo plano por la leña que se dedicaron a repartir los holandeses.
Cuenta la leyenda que, a la hora de la recolecta de tulipanes, en la patria de Van Gogh no usan maquinaria avanzada: mandan a sus seleccionados para que efectúen la siega taco en bota y, de paso, entrenen para deslucir este bonito espectáculo.
Simplemente, gracias chavales. Habéis conseguido que me desprenda de los prejuicios sobre la bandera roja y gualda. Para mí ya no es un recuerdo de la época oscura de este país. Es ese trapo que me anudé a la cintura para salir al kilómetro 0 de nuestra patria a festejar la alegría de una Copa del Mundo. La misma que enarbolaré al aire esta tarde para recibiros como os merecéis (y eso que no soy amante de las multitudes).
No diga usted "este páis". Diga alto y claro, ESPAÑA (y olé). Porque los sueños, sueños ya no son. La gloria en nuestras propias carnes.