Salísteis a por el 0-0, amigo Cristiano. A empatar. A buscar un balón largo o un pelotazo a la olla. Sin jugar a nada. A nada de nada. A aburrir al personal. Y entre bostezo y bostezo, España intentaba rompero vuestro cerrojo. Sí, sí cerrojo. Eso que cuando lo hacen los italianos se critica y se les llama rácanos.
Metísteis 7... a Corea del Norte. ¡Ay amigos ibéricos, toda la vida al ladito de nosotros, de vecino y no habéis aprendido lo que es la furia! No somos Corea. Tampoco estamos haciendo el mejor fútbol de la historia, ese que deslumbró en la Eurocopa de 2008. Pero los coreanos no tienen a dos tipos bajitos, Xavi e Iniesta. Ni a dos defensas en banda como Joan y Sergio. Ni siquiera a un señor que se llama Llorente y que ha roto el partido desde el primer segundo que ha estado en el campo. Ni, por supuesto, a un príncipe de Asturias, de Tuilla, especialista en meterla en la cazuela y hacer saltar a 45 millones de personas.
Pasamos ronda. A la siguiente, como dicen los brasileños, "mata-mata". A cuartos sufriendo. Porque si los seguidores del Atleti les preguntan a sus padres por qué son colchoneros, nosotros sabemos perfectamente por qué somos fieles a La Roja.
Porque nos gusta sufrir viendo el toque, toque y toque. Porque sabemos apurar una cerveza tras otra hasta que llega el gol (sólo así, con las cuerdas vocales bien húmedas, se cantan los goles desde el corazón). Porque nos ilusiona hasta un partido de canicas. Somos así hermanos portugueses: entusiastas y cabezotas hasta decir basta (o hasta meteros el único gol que habéis encajado en el Mundial y que, curiosamente, os manda a casa).
Cuando el juego es bonito la prensa tiene cancha para describir las mil y una maravillas. Pero cuando se gana con sudor, se duerme mucho mejor por la noche.
Ahora, a descansar. A prepararse para otra batalla épica: Paraguay. Sin ir crecidos, pero creciendo partido a partido. ¡Grande España y grande su afición!
A tres partidos de la gloria... (y que dure esta cuenta atrás).
PD: Lo siento Cristiano, pero sólo se gana si se mira al arco contrario...
martes, 29 de junio de 2010
sábado, 26 de junio de 2010
La hazaña celestial de la celeste
Uruguay es un país chiquitito cuyas costas están bañadas, amén del gigante Atlántico, por el Río de la Plata. Tiene una población discreta, de unos tres millones y medio de habitantes. Y en extensión terriotirial es el segundo más pequeño del continente latinoamericano, sólo por delante de Surinam. Pero lo que es enorme, lo que es verdaderamente de dimensiones gigantes, es la pasión con la que viven el fútbol.
Tras haber hecho aquella dichosa tesina en Prensa deportiva latinoamericana, siento un no sé qué en el corazón cuando juega una selección hermana del otro lado del charco. Y en el caso de los charrúas, por las atenciones y las largas charlas con mi colega Martín Bachs, de la Web deportiva uruguaya, esa emoción se multiplica hasta alcanzar el mismo cariño que le tengo a la argentina.
Ir leyendo en Facebook los comentarios en esa Web deportiva uruguaya, cómo la gente se ha echado a las calles para festejar con cánticos y sin vuvuzelas el triunfo ante Corea que sellaba el pase a unos cuartos de final 44 años después (no lo lograba desde Inglaterra 66), me provoca una emoción inmensa. Quizás porque recuerdo aquel verano del 2008 cuando estaba en medio de La Castellana escuchando el sonar de los claxones incesantes, las banderas de España al viento y la gente llorando de emoción. Una emoción que habíamos contenido exactamente 44 años...Como ellos hoy.
Si Madrid y Barcelona mantienen sus piques por cuántos títulos más de no sé qué cosa han obtenido unos y otros, no puedo por menos recordar que ese diminuto país por su extensión territorial, pero tremendo por lo que le ha dado al fútbol, tiene en su haber dos Copas del Mundo: aquella que dio el pistoletazo de salida a este evento, la de 1930; y esa otra tras el Maracanazo, en Brasil 1950.
Sólo quería dar la enhorabuena a todos los uruguayos por tener un plantel como esos en los que sueñan jugar los chavales cuando gambetean en los potreros. Grande Tabárez. Grande charrúas.
Tras haber hecho aquella dichosa tesina en Prensa deportiva latinoamericana, siento un no sé qué en el corazón cuando juega una selección hermana del otro lado del charco. Y en el caso de los charrúas, por las atenciones y las largas charlas con mi colega Martín Bachs, de la Web deportiva uruguaya, esa emoción se multiplica hasta alcanzar el mismo cariño que le tengo a la argentina.
Ir leyendo en Facebook los comentarios en esa Web deportiva uruguaya, cómo la gente se ha echado a las calles para festejar con cánticos y sin vuvuzelas el triunfo ante Corea que sellaba el pase a unos cuartos de final 44 años después (no lo lograba desde Inglaterra 66), me provoca una emoción inmensa. Quizás porque recuerdo aquel verano del 2008 cuando estaba en medio de La Castellana escuchando el sonar de los claxones incesantes, las banderas de España al viento y la gente llorando de emoción. Una emoción que habíamos contenido exactamente 44 años...Como ellos hoy.
Si Madrid y Barcelona mantienen sus piques por cuántos títulos más de no sé qué cosa han obtenido unos y otros, no puedo por menos recordar que ese diminuto país por su extensión territorial, pero tremendo por lo que le ha dado al fútbol, tiene en su haber dos Copas del Mundo: aquella que dio el pistoletazo de salida a este evento, la de 1930; y esa otra tras el Maracanazo, en Brasil 1950.
Sólo quería dar la enhorabuena a todos los uruguayos por tener un plantel como esos en los que sueñan jugar los chavales cuando gambetean en los potreros. Grande Tabárez. Grande charrúas.
viernes, 25 de junio de 2010
En octavos (aunque a alguno le escueza)
España no tiene una selección con una trayectoria mundialista sólida. De hecho, su mejor clasificación, un cuarto puesto, se remota a hace 60 años, en aquel Brasil de 1950. España no ha hecho una fase de grupos para enmarcar: se perdió ante Suiza, no se acertó de cara a puerta contra Honduras y contra Chile se sufrió. Y la España de Sudáfrica, a nadie se le escapa, no es la España que nos gusta a los espectadores y de la que veníamos disfrutando en los útimos años.
Pero es la España que está en octavos. Y eso es algo que selecciones potentes como Italia (el tío Gilito del balompié) y Francia (lo que comunmente se conoce como el coño de la Bernarda), dos conjuntos que se jugaron la final hace cuatro años en Alemania, no pueden decir.
Es verdad que se venía con el cartel de favoritos. Señores, el fútbol no son matemáticas, y casi nunca dos y dos cuadran cuatro. Efectivamente, la grandeza de este deporte reside en la casuística, en ese componente de azar que hace que, durante 90 minutos, pueda pasar cualquier cosa sobre el terreno de juego.
Decía ayer Sara Carbonero en el diario Marca que las críticas al juego de La Roja son siempre bienvenidas, pero desde el respeto. Parece que en las últimas dos semanas España ha vuelto a ser la nación dividida: Aragonesistas y Delbosquistas. Una involución... ¡con todo el terreno que habíamos avanzado! Si algo nos caracterizó durante la pasada Eurocopa fue la unión y la pasión.
Esos dos elementos que se convierten en mágicos cuando se trata de deporte: durante un ratito desaparecen las clases económicas, las clases sociales, los problemas laborales y las ideologías políticas. ¿Vamos a generar un debate absurdo cuando todos queremos lo mismo, llegar lo más lejos posible en Sudáfrica? No lo entiendo, señores.
Suele ser común que, aquellas selecciones que no brillan en la primera fase, deslumbren en los cruces posteriores. Espero que estemos ante uno de estos casos.
Estamos en octavos, aunque algunos desearan que estuviesemos fuera. Todavía se puede. A cuatro partidos de la gloria...
Pero es la España que está en octavos. Y eso es algo que selecciones potentes como Italia (el tío Gilito del balompié) y Francia (lo que comunmente se conoce como el coño de la Bernarda), dos conjuntos que se jugaron la final hace cuatro años en Alemania, no pueden decir.
Es verdad que se venía con el cartel de favoritos. Señores, el fútbol no son matemáticas, y casi nunca dos y dos cuadran cuatro. Efectivamente, la grandeza de este deporte reside en la casuística, en ese componente de azar que hace que, durante 90 minutos, pueda pasar cualquier cosa sobre el terreno de juego.
Decía ayer Sara Carbonero en el diario Marca que las críticas al juego de La Roja son siempre bienvenidas, pero desde el respeto. Parece que en las últimas dos semanas España ha vuelto a ser la nación dividida: Aragonesistas y Delbosquistas. Una involución... ¡con todo el terreno que habíamos avanzado! Si algo nos caracterizó durante la pasada Eurocopa fue la unión y la pasión.
Esos dos elementos que se convierten en mágicos cuando se trata de deporte: durante un ratito desaparecen las clases económicas, las clases sociales, los problemas laborales y las ideologías políticas. ¿Vamos a generar un debate absurdo cuando todos queremos lo mismo, llegar lo más lejos posible en Sudáfrica? No lo entiendo, señores.
Suele ser común que, aquellas selecciones que no brillan en la primera fase, deslumbren en los cruces posteriores. Espero que estemos ante uno de estos casos.
Estamos en octavos, aunque algunos desearan que estuviesemos fuera. Todavía se puede. A cuatro partidos de la gloria...
martes, 22 de junio de 2010
Los besos de D10S
No puedo evitarlo, me encanta. Me encanta que El Diego salte en la banda. Que sufra. Que vibre. Que salte sobre el utillero para celebrar un gol de Martín Palermo. Que haga una plancha en el área técnica tras tiro de Messi al palo.
Antes de que empezara en Mundial avisé, ante la mirada atónita de mis interlocutores, que Argentina sería una candidata a tener en cuenta. "Vamos anda, con el viejo decrépito en el banquillo, imposible". Eso más o menos me vineiron a decir los incrédulos. Aquellos que no se dan cuenta de que El Diego tiene más vidas que los gatos.
Encontró quizás un poco de luz en la oscuridad de un largo túnel (del que puede que no salga nunca). Pero también tiene mucho que ver el plantel, los 23 elegidos para jugar en Sudáfrica. ¡Así gana cualquiera! "Chicos, salgan, corran tras la bola y háganlo como saben". Es probable que a los Messi, Di María, Higuaín y compañía les baste con palabras como esa para ganar hasta jugando a medio gas contra una Grecia que más que saltar a la cancha, se arrastró con los huevos de corbata.
Lo que es innegable es que nadie vistió la remera de la albiceleste con tanto amor y tanta pasión como El Diego. Ya de pequeño le preguntaban cuál era su sueño y se comía el micrófono pregonando que, sin duda, jugar con el seleccionado y darle un Mundial a su país. Su mano y el gol de todos los tiempos, narrado por Víctor Hugo Morales como sólo los sudamericanos saben hacer, con el corazón ("Genio, genio, genio... tatatatatata Maragol, Maragol (...) Barrilete cósmico, ¿de qué planeta viniste para dejar en el camino a tanto inglés. Para que el país sea un puño apretado gritando por la Argentina"), dejaron a los ingleses con un palmo de narices.
No sé si Argentina ganará o no esta Copa del Mundo, pero la ternura de Diego Armando Maradona agarrando con sus manazas las caritas de los sustituidos y ese beso en la mejilla de reconocimiento por el trabajo realizado, es de escándalo.
¡Grande Diego!
Antes de que empezara en Mundial avisé, ante la mirada atónita de mis interlocutores, que Argentina sería una candidata a tener en cuenta. "Vamos anda, con el viejo decrépito en el banquillo, imposible". Eso más o menos me vineiron a decir los incrédulos. Aquellos que no se dan cuenta de que El Diego tiene más vidas que los gatos.
Encontró quizás un poco de luz en la oscuridad de un largo túnel (del que puede que no salga nunca). Pero también tiene mucho que ver el plantel, los 23 elegidos para jugar en Sudáfrica. ¡Así gana cualquiera! "Chicos, salgan, corran tras la bola y háganlo como saben". Es probable que a los Messi, Di María, Higuaín y compañía les baste con palabras como esa para ganar hasta jugando a medio gas contra una Grecia que más que saltar a la cancha, se arrastró con los huevos de corbata.
Lo que es innegable es que nadie vistió la remera de la albiceleste con tanto amor y tanta pasión como El Diego. Ya de pequeño le preguntaban cuál era su sueño y se comía el micrófono pregonando que, sin duda, jugar con el seleccionado y darle un Mundial a su país. Su mano y el gol de todos los tiempos, narrado por Víctor Hugo Morales como sólo los sudamericanos saben hacer, con el corazón ("Genio, genio, genio... tatatatatata Maragol, Maragol (...) Barrilete cósmico, ¿de qué planeta viniste para dejar en el camino a tanto inglés. Para que el país sea un puño apretado gritando por la Argentina"), dejaron a los ingleses con un palmo de narices.
No sé si Argentina ganará o no esta Copa del Mundo, pero la ternura de Diego Armando Maradona agarrando con sus manazas las caritas de los sustituidos y ese beso en la mejilla de reconocimiento por el trabajo realizado, es de escándalo.
¡Grande Diego!
jueves, 17 de junio de 2010
Pido respeto para la señorita Carbonero
Al entrar en la redacción esta mañana, una compañera me ha dicho: "¿Qué, lo mejor del partido la entrevista de Sara a Iker, no?". La he mirado con desdén y he contestado: "A mí lo que me interesa es el fútbol. Con quién se acueste cada jugador es cosa suya". Poco después, echando un vistazo a la prensa, me he chocado contra el sensacionalismo elevado a la enésima potencia de la prensa inglesa que, a falta de la brillantez de sus deportistas, se dedican a difundir falacias y mamarracherías en sus páginas. Es bochornoso que ni los propios compañeros se respeten etre ellos. Desde hoy, para mí, "The Times" ha muerto. ¿Cómo se puede decir una gilipollez tan grande como que Sara Carbonero es la culpable de la derrota de España?
¡Ah sí, claro! Ella es la que corre la banda. La que da instrucciones desde el banquillo. E incluso, en sus ratos libres, entre noticia y noticia, dirige la Federación Española de Fútbol. Un poco de respeto por alguien que ha ido a Sudáfrica a trabajar. A traernos la información de la selección española. A una chica joven a la que no se le mueve un pelo delante de la cámara. Educada con sus compañeros de profesión (hablo desde la experiencia) y con tanta paciencia como para dejarse hacer miles de fotos en una mañana.
Debe ser que los ingleses quieren desviar la atención de La Traviata que se marcó Green contra EEUU. Quizás el redactor con mala baba al que se le ha ocurrido semejante tontería, es el amante secreto de un arquero demasiado verde para jugar un Mundial con una camiseta como la inglesa.
Lo peor de todo es que se pone en duda la profesionalidad del capitán de la campeona de Europa. Todos los jugadores tienen temporadas mejores y peores. Y está claro que no ha sido el mejor año de Casillas. Pero habría que tirar de archivo para recordar lo que parece que se les ha olvidado a los desmemoriados. Iker es un portero de categoría.
El gol de ayer fue fruto del infortunio. No fue culpa de Iker que sale valiente y la bola rebota con tan mala suerte que el suizo sólo tiene que empujarla.
¿Qué los dos son guapos? Mejor para ellos. Por favor, señores amarillistas, déjenos disfrutar del fútbol a los que simplemente nos interesa eso, el fútbol. Dedíquense a los lios de Ambiciones, los presuntos hurtos de Lady Panto o las cirujías de la Esteban.
¡Ah sí, claro! Ella es la que corre la banda. La que da instrucciones desde el banquillo. E incluso, en sus ratos libres, entre noticia y noticia, dirige la Federación Española de Fútbol. Un poco de respeto por alguien que ha ido a Sudáfrica a trabajar. A traernos la información de la selección española. A una chica joven a la que no se le mueve un pelo delante de la cámara. Educada con sus compañeros de profesión (hablo desde la experiencia) y con tanta paciencia como para dejarse hacer miles de fotos en una mañana.
Debe ser que los ingleses quieren desviar la atención de La Traviata que se marcó Green contra EEUU. Quizás el redactor con mala baba al que se le ha ocurrido semejante tontería, es el amante secreto de un arquero demasiado verde para jugar un Mundial con una camiseta como la inglesa.
Lo peor de todo es que se pone en duda la profesionalidad del capitán de la campeona de Europa. Todos los jugadores tienen temporadas mejores y peores. Y está claro que no ha sido el mejor año de Casillas. Pero habría que tirar de archivo para recordar lo que parece que se les ha olvidado a los desmemoriados. Iker es un portero de categoría.
El gol de ayer fue fruto del infortunio. No fue culpa de Iker que sale valiente y la bola rebota con tan mala suerte que el suizo sólo tiene que empujarla.
¿Qué los dos son guapos? Mejor para ellos. Por favor, señores amarillistas, déjenos disfrutar del fútbol a los que simplemente nos interesa eso, el fútbol. Dedíquense a los lios de Ambiciones, los presuntos hurtos de Lady Panto o las cirujías de la Esteban.
miércoles, 16 de junio de 2010
Triunfalismo mundial
Porque a eso no nos gana ni Dios. Somos los reyes de las victorias antes de disputar la batalla. Y así nos pegamos los batacazos sentimentales que nos pegamos.
Ni antes teníamos ya la Copa del Mundo en las manos, ni ahora somos una panda de colegas que corren detrás de la bola. Vamos, que ni tanto ni tan calvo. O como ya dijo aquel sabio griego, Aristóteles (¿quién si no?), la virtud está en el término medio.
Los españoles somos personas con raza. Con aquello que se llama furia. Acostumbrados a hacer cuentas de la lechera cada cita europea o mundialista, si acabamos con déficit en las arcas, nos llevamos las manos a la cabeza.
Nada de fatalismo. España jugó como siempre: toque, toque y toque. Pero en el fútbol juegan dos equipos y consiste en meter más veces la bola en el arco que tu oponente. Y hoy ellos marcaron una más.
¿Estamos ya acabados? Para nada. Más se perdió en Cuba y volvieron cantando. Por lo visto hasta ahora, todos los grandes (sálvese Alemania), salieron timoratos. Eso sí, somos los únicos que nos quedamos con un 0 en el casillero de puntos. ¿Y?
Pues a levantar la cabeza. O como dice mi amigo Carlos: "estáis alicaidos porque no soís del Betis y no estáis acostumbrados a sufrir".
Yo le sigo teniendo fe a esta selección. La cura de humildad no es para Los ángeles de Vicente. Es para una prensa deportiva cada vez más sensacionalista y para un pueblo llano que se deja llevar por la euforia de los plumillas.
No lo olviden señores: ¡Podemos!
Eso sí, no puedo evitar sentir una cierta debilidad por ese D10S del fútbol trajeado: la pelota no se mancha, ni cuando acaba rompiéndose contra el travesaño y no le da la gana de besar la red.
Ni antes teníamos ya la Copa del Mundo en las manos, ni ahora somos una panda de colegas que corren detrás de la bola. Vamos, que ni tanto ni tan calvo. O como ya dijo aquel sabio griego, Aristóteles (¿quién si no?), la virtud está en el término medio.
Los españoles somos personas con raza. Con aquello que se llama furia. Acostumbrados a hacer cuentas de la lechera cada cita europea o mundialista, si acabamos con déficit en las arcas, nos llevamos las manos a la cabeza.
Nada de fatalismo. España jugó como siempre: toque, toque y toque. Pero en el fútbol juegan dos equipos y consiste en meter más veces la bola en el arco que tu oponente. Y hoy ellos marcaron una más.
¿Estamos ya acabados? Para nada. Más se perdió en Cuba y volvieron cantando. Por lo visto hasta ahora, todos los grandes (sálvese Alemania), salieron timoratos. Eso sí, somos los únicos que nos quedamos con un 0 en el casillero de puntos. ¿Y?
Pues a levantar la cabeza. O como dice mi amigo Carlos: "estáis alicaidos porque no soís del Betis y no estáis acostumbrados a sufrir".
Yo le sigo teniendo fe a esta selección. La cura de humildad no es para Los ángeles de Vicente. Es para una prensa deportiva cada vez más sensacionalista y para un pueblo llano que se deja llevar por la euforia de los plumillas.
No lo olviden señores: ¡Podemos!
Eso sí, no puedo evitar sentir una cierta debilidad por ese D10S del fútbol trajeado: la pelota no se mancha, ni cuando acaba rompiéndose contra el travesaño y no le da la gana de besar la red.
sábado, 12 de junio de 2010
¡Qué ruede la bola!
Muchos de los diarios y revistas especializados en deporte han aprovechado el rebufo de una competición intercontinental para dar el pistoletazo de salida. Y eso es lo que pretende una servidora. Que la Copa del Mundo de Sudáfrica sirva como inicio para ir analizando la actualidad deportiva, con el fútbol como bandera (pues es el verdadero motor de la globalización cultural y puja con fuerza desde la conclusión de la 2ª Guerra Mundial), con la objetividad subjetiva de quien ama el mens sana in corpore sano.
Echó a rodar la pelota en Sudáfrica. Ese primer Mundial en suelo africano y esa primera cita mundialista a la que España llega como favorita con opciones reales de triunfo. Pero, ¡ojo! Por todos es sabido que el españolito de a pie gana siempre antes de empezar a jugar. Esa furia del carácter latino nos pierde. "Somos los mejores", "no hay quién nos doblegue", "meteremos 8 goles por partido"...
Las cosas se demuestran con hechos; las palabras se las lleva el viento.
Los 23 elegidos por don Vicente para defender la remera roja invitan a soñar. Seguramente España tenga el centro del campo más creativo de los 32 combinados que participan en esta edición. Y al espectador le gusta ver cómo la bola se mueve con alegría, como en ese último partido de preparación contra Polonia. Abriendo a las bandas para ensenchar el campo, pero combinando la estrategia con acometidas por el centro de la zaga.
En el fútbol suele ganar aquel que controla, tiene el balón y sabe cortar las contras. En todo trabajo hay que ser ordenado con cierto márgen para la creatividad. Quizás esa sea la clave de una selección joven, con ganas y, lo más importante, con talento.
Tras dos partidos en los que la cautela por no perder se impuso al buen fútbol, el 2-0 de Corea del Sur a Grecia y ese 1-0 al descanso del Argentina-Nigeria, todos esperamos que debuten los nuestros. Aquellos que volvieron de Asutria con la Eurocopa y a los que el comandante del vuelo que aterizó ayer en Johannesburgo sobre las 9 y cuarto de la mañana bendijo desde la cabina: "Ha aterrizado en Johannesburgo la selección que va a ser campeona del mundo. Mucha suerte y ¡a por ellos!".
Echó a rodar la pelota en Sudáfrica. Ese primer Mundial en suelo africano y esa primera cita mundialista a la que España llega como favorita con opciones reales de triunfo. Pero, ¡ojo! Por todos es sabido que el españolito de a pie gana siempre antes de empezar a jugar. Esa furia del carácter latino nos pierde. "Somos los mejores", "no hay quién nos doblegue", "meteremos 8 goles por partido"...
Las cosas se demuestran con hechos; las palabras se las lleva el viento.
Los 23 elegidos por don Vicente para defender la remera roja invitan a soñar. Seguramente España tenga el centro del campo más creativo de los 32 combinados que participan en esta edición. Y al espectador le gusta ver cómo la bola se mueve con alegría, como en ese último partido de preparación contra Polonia. Abriendo a las bandas para ensenchar el campo, pero combinando la estrategia con acometidas por el centro de la zaga.
En el fútbol suele ganar aquel que controla, tiene el balón y sabe cortar las contras. En todo trabajo hay que ser ordenado con cierto márgen para la creatividad. Quizás esa sea la clave de una selección joven, con ganas y, lo más importante, con talento.
Tras dos partidos en los que la cautela por no perder se impuso al buen fútbol, el 2-0 de Corea del Sur a Grecia y ese 1-0 al descanso del Argentina-Nigeria, todos esperamos que debuten los nuestros. Aquellos que volvieron de Asutria con la Eurocopa y a los que el comandante del vuelo que aterizó ayer en Johannesburgo sobre las 9 y cuarto de la mañana bendijo desde la cabina: "Ha aterrizado en Johannesburgo la selección que va a ser campeona del mundo. Mucha suerte y ¡a por ellos!".
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