sábado, 12 de junio de 2010

¡Qué ruede la bola!

Muchos de los diarios y revistas especializados en deporte han aprovechado el rebufo de una competición intercontinental para dar el pistoletazo de salida. Y eso es lo que pretende una servidora. Que la Copa del Mundo de Sudáfrica sirva como inicio para ir analizando la actualidad deportiva, con el fútbol como bandera (pues es el verdadero motor de la globalización cultural y puja con fuerza desde la conclusión de la 2ª Guerra Mundial), con la objetividad subjetiva de quien ama el mens sana in corpore sano.

Echó a rodar la pelota en Sudáfrica. Ese primer Mundial en suelo africano y esa primera cita mundialista a la que España llega como favorita con opciones reales de triunfo. Pero, ¡ojo! Por todos es sabido que el españolito de a pie gana siempre antes de empezar a jugar. Esa furia del carácter latino nos pierde. "Somos los mejores", "no hay quién nos doblegue", "meteremos 8 goles por partido"...

Las cosas se demuestran con hechos; las palabras se las lleva el viento.

Los 23 elegidos por don Vicente para defender la remera roja invitan a soñar. Seguramente España tenga el centro del campo más creativo de los 32 combinados que participan en esta edición. Y al espectador le gusta ver cómo la bola se mueve con alegría, como en ese último partido de preparación contra Polonia. Abriendo a las bandas para ensenchar el campo, pero combinando la estrategia con acometidas por el centro de la zaga.

En el fútbol suele ganar aquel que controla, tiene el balón y sabe cortar las contras. En todo trabajo hay que ser ordenado con cierto márgen para la creatividad. Quizás esa sea la clave de una selección joven, con ganas y, lo más importante, con talento.

Tras dos partidos en los que la cautela por no perder se impuso al buen fútbol, el 2-0 de Corea del Sur a Grecia y ese 1-0 al descanso del Argentina-Nigeria, todos esperamos que debuten los nuestros. Aquellos que volvieron de Asutria con la Eurocopa y a los que el comandante del vuelo que aterizó ayer en Johannesburgo sobre las 9 y cuarto de la mañana bendijo desde la cabina: "Ha aterrizado en Johannesburgo la selección que va a ser campeona del mundo. Mucha suerte y ¡a por ellos!".

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