España no tiene una selección con una trayectoria mundialista sólida. De hecho, su mejor clasificación, un cuarto puesto, se remota a hace 60 años, en aquel Brasil de 1950. España no ha hecho una fase de grupos para enmarcar: se perdió ante Suiza, no se acertó de cara a puerta contra Honduras y contra Chile se sufrió. Y la España de Sudáfrica, a nadie se le escapa, no es la España que nos gusta a los espectadores y de la que veníamos disfrutando en los útimos años.
Pero es la España que está en octavos. Y eso es algo que selecciones potentes como Italia (el tío Gilito del balompié) y Francia (lo que comunmente se conoce como el coño de la Bernarda), dos conjuntos que se jugaron la final hace cuatro años en Alemania, no pueden decir.
Es verdad que se venía con el cartel de favoritos. Señores, el fútbol no son matemáticas, y casi nunca dos y dos cuadran cuatro. Efectivamente, la grandeza de este deporte reside en la casuística, en ese componente de azar que hace que, durante 90 minutos, pueda pasar cualquier cosa sobre el terreno de juego.
Decía ayer Sara Carbonero en el diario Marca que las críticas al juego de La Roja son siempre bienvenidas, pero desde el respeto. Parece que en las últimas dos semanas España ha vuelto a ser la nación dividida: Aragonesistas y Delbosquistas. Una involución... ¡con todo el terreno que habíamos avanzado! Si algo nos caracterizó durante la pasada Eurocopa fue la unión y la pasión.
Esos dos elementos que se convierten en mágicos cuando se trata de deporte: durante un ratito desaparecen las clases económicas, las clases sociales, los problemas laborales y las ideologías políticas. ¿Vamos a generar un debate absurdo cuando todos queremos lo mismo, llegar lo más lejos posible en Sudáfrica? No lo entiendo, señores.
Suele ser común que, aquellas selecciones que no brillan en la primera fase, deslumbren en los cruces posteriores. Espero que estemos ante uno de estos casos.
Estamos en octavos, aunque algunos desearan que estuviesemos fuera. Todavía se puede. A cuatro partidos de la gloria...
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